Ante el imperativo del crecimiento empresarial, propósito y reconexión

Una de las características que definen la sociedad actual es que sólo es capaz de estabilizarse de manera dinámica, lo que significa que necesita crecer, acelerar e innovar incesantemente para mantener su statu quo. Esta es la afirmación Harmut Rosa, filósofo y pensador del siglo XII.

Con las empresas en el momento actual pasa exactamente lo mismo, de hecho, podemos afirmar que sólo existen dos tipos de empresas, aquellas que crecen, y las que decrecenEl crecimiento visto no como ideal, sino como imperativo. El primer problema que aparece es que el crecimiento no se produce para alcanzar una posición mejor en el mercado, sino simplemente para mantener dicha posición, lo cual provoca en sus dirigentes y equipos una sensación de eterna y cruda competición que no lleva a ningún objetivo.

Si imaginamos un mercado con sólo dos empresas, ambas lucharán y dedicarán cada vez más un esfuerzo superior para mantener la misma posición. Esto se traduce un estrés competitivo muy alto pero necesario al mismo tiempo. Por las estructuras creadas del sistema, el crecimiento no es una opción.

El segundo problema del crecimiento es la desmotivación provocada al dedicar esfuerzos cada vez mayores sin resultados de mejora, pero necesarios para no perder posiciones. Esto provoca indiferencia en los equipos, y por este motivo, en muchas ocasiones el talento de la organización decide salirse del proyecto para comenzar uno nuevo, desde cero, donde el avance sí en este caso evidente.

Entonces, si entendemos que es necesario un esfuerzo adicional para al menos no perder posiciones, pero este termina siendo foco de desmotivación de los equipos y fuga de talento ¿Qué su puede hacer?

Una primera solución pasa por establecer un propósito de transformación masivo, concepto introducido por Salim Isamil en “Organizaciones Exponenciales”, es decir, darle una razón de ser a la organización para cambiar el mundo, o al menos para de él. A las personas les gusta trabajar por un propósito más grande que ellas mismas.

Una segunda solución pasa por reconectar. En el proceso de crecimiento las empresas pierden la capacidad de dedicar tiempo para conectar con lo que le rodea. Es una crisis de relaciones. Hay que reconectar a través del establecimiento de relaciones estables y duraderas los equipos, con clientes, proveedores, accionistas, vecinos, con las personas. Hay una segunda forma de medir el éxito y no tiene que ver con los beneficios, sino con la capacidad de influir positivamente en la vida de las personas a través de relaciones reales.

Y no sólo hablamos de reconectar con personas, sino también con espacios, con nuestra ciudad o con la naturaleza. E incluso con nosotros mismos. No seguimos siendo los mismos cuando hemos conectado con otras personas, cosas o espacios. Conectar al impactar positivamente en algo nos transforma a nosotros, y nos llena de energía.

Según Harmut Rosa, la aceleración es la característica de la modernidad actual, y ante este hecho, creo que el talento humano ha de encontrar la forma de automatizar el crecimiento y hacerse con nuevos espacios de tiempo para reconectar.

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