Los CEOs de las grandes empresas de IA parecen competir por ser el primero en lograr la Inteligencia Artificial General, lo que ellos llaman la singularidad: una IA única capaz de desarrollarse y replicarse por sí misma.
En lugar de una singularidad aislada como proponen gente como Dario Amodei o Sam Altman, investigadores de Google argumentan en un paper reciente que la evolución tecnológica se encamina hacia entornos híbridos de humanos y agentes de IA que interactúan mediante nuevas instituciones y protocolos digitales.
Yo estoy a favor de esta visión donde la singularidad vendrá por una explosión de conocimiento y habilidades cognitivas como nunca antes ha vivido la humanidad gracias a una nueva organización colectiva e híbrida. Estoy de acuerdo con los investigadores de Google, pero con matices, y es que ellos no lo dicen, pero creo que gestionar dichos entornos híbridos es lo que dará a las empresas la verdadera ventaja competitiva.
En primer lugar, es clave que los profesionales aprendan a pensar con cosas que piensan sin caer en la deuda cognitiva que los vuelva inservibles. Es vital que las profesionales entiendan qué hacen los agentes, ya que si la deuda cognitiva se acumula, los humanos en esas instituciones híbridas se convierten en figuras decorativas
En segundo lugar, hay que pensar en quién hace qué trabajo dentro de una organización real. Alguien tiene que decidir qué se delega, qué se supervisa y qué requiere juicio humano irremplazable. Eso no es un ingeniero de prompts ni un CTO. Es un arquitecto de procesos.
No esperes la singularidad, ya estás en ella, y la pregunta no es si adoptar agentes sino si tu organización tiene la estructura de procesos y el juicio humano para que no se conviertan en caos coordinado.
