Hasta ahora, el trabajo de un profesional se medía por su capacidad de ejecutar: cumplir plazos, gestionar recursos, optimizar procesos. El “cómo” priorizaba su función. Eso está cambiando, y más rápido más rápido de lo que parece.
En la nueva era de la IA, la tecnología ha venido a quedarse con la parte del trabajo que quizás nunca debería haber sido tuya: la ejecución repetible, la síntesis de información, la generación de opciones a escala.
Entonces ¿Qué le queda al manager?
Todo lo que importa de verdad. Porque hay algo que ningún modelo de lenguaje puede hacer por ti: entender por qué algo merece hacerse, para quién, y con qué criterio cuando las respuestas no son evidentes.
Roger Martin, ex-decano de Rotman, lleva años distinguiendo entre pensamiento algorítmico —ejecutar lo conocido— y pensamiento heurístico —navegar lo incierto. La IA domina el primero a una velocidad brutal. El segundo sigue siendo territorio humano. Por ahora y probablemente para siempre.
Ronald Heifetz, de Harvard, lo llama diferente pero apunta a lo mismo: hay problemas técnicos y problemas adaptativos. Los técnicos tienen solución conocida. Los adaptativos requieren que las personas cambien cómo piensan. La IA resuelve los primeros. Los segundos son el trabajo real del liderazgo. Lo he dicho en varias ocasiones: El reto hoy es “pensar con cosas que piensan” y esto lo cambia todo.
El autor de “El hombre en busca del sentido”, Viktor Frankl dice: “En un mundo donde la ejecución está automatizada, la pregunta por el para qué se vuelve la única que importa. El manager que no puede articular propósito es sustituible; el que sí puede, no.”
El valor del manager en 2026 se mide por:
➡️ Juicio en la ambigüedad: Tomar decisiones cuando los datos no bastan y el contexto es complejo. La IA te da opciones, tú pones el criterio.
➡️ Formulación de las preguntas correctas: El que define el problema bien ya tiene el 70% de la solución. Eso requiere comprensión profunda del contexto, no velocidad de cálculo.
➡️ Diseño de experiencias humanas: Motivar, cohesionar, desarrollar personas. La IA puede optimizar un proceso, pero no puede hacer que alguien se sienta comprendido o inspirado.
➡️ Sentido y propósito: Viktor Frankl lo sabía antes de que existiera la IA: las personas no siguen a quien ejecuta mejor, sino a quien articula un para qué que vale la pena. En un mundo donde la ejecución está automatizada, el liderazgo narrativo se vuelve la ventaja competitiva más escasa.
➡️ Lectura de lo no cuantificable: Cultura de equipo, tensiones no dichas, señales débiles en un mercado. Lo que no cabe en un dataset pero define el resultado.
El trabajo de los profesionales no desaparece. Se eleva (Mira ICAU). La pregunta es si estás dispuesto a soltar lo que ya no es tuyo para hacer lo que solo tú puedes.
👉 ¿Estás reposicionando tu valor profesional en este contexto?
